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Mindfulness, ¿en el trabajo?

Por:  Paula Murillo 

“El cerebro se parece mucho a un ordenador. Podrás tener varias pantallas abiertas en el escritorio, pero solo serás capaz de pensar en una sola cada vez.” William Stixrud

¿Podemos realmente usar el Mindfulness en el trabajo?

Hablar con el jefe mientras respondes a un email, preparas la reunión para dentro de una hora y actualizas el calendario de tareas en el teléfono simultáneamente, es algo que puede suceder y a lo que se enfrentan muchas personas durante su jornada laboral de forma rutinaria.

Sin embargo, es un error confundir “multitarea” con rendimiento.

Pese a todo, seguimos sumando actividad una vez que estamos en casa cuando recibimos un correo, leemos varios tweets, nos etiquetan en Facebook y nos mandan vídeos en varios grupos de Whatsapp.

¿Cuántas de estas actividades son de consumo rápido y a cuántas prestamos atención? Parece que la tónica habitual es que al final del día, en ningún momento respiramos. 

Todo es urgente y todo es importante, menos nosotros.

¿Hasta qué punto nuestra atención está recogida en aquello en lo que debemos hacer bien? Sabemos que la atención no es ilimitada. Es cierto que se pueden repartir los recursos atencionales en por lo menos dos tareas simultáneas, pero ¿en cuántas situaciones similares a la anterior nos hemos visto superados y se han cometido errores o despistes?

¿Hasta qué punto somos más eficaces o rendimos mejor sobrecargados de tarea? ¿sabemos que la “multitarea” nos conduce a situaciones difíciles de manejar y tolerar emocionalmente?

 

Mindfulness, ¿moda empresarial?

Empresas como Apple, Google, Nike o eBay comenzaron hace unos años a realizar talleres de Mindfulness para sus empleados.

Objetivamente, el Mindfulness ayuda a estar más concentrado, tener claridad mental y gestionar el estrés. Asimismo, favorece la comunicación y la empatía porque fortalece la inteligencia emocional y da fluidez a la creatividad y la innovación.

Se han realizado estudios con profesionales en tareas de cara al público en los que se impartían talleres formativos durante 10 días. En ese período los trabajadores pusieron en práctica estrategias relacionadas con el Mindfulness y la Terapia Cognitiva (esto último relacionado con recoger sus pensamientos y emociones, y registrar la intensidad de los mismos).

Pese a que en un principio podía parecer un tiempo insuficiente, los resultados reflejaron una carga menor de agotamiento emocional y mayor satisfacción en el trabajo.

Reconectar nuestra atención

¿Cómo puedo practicar mindfulness en el ámbito laboral?

Desde la Sociedad Mindfulness y Salud, se dan ciertas claves para poder incorporar esta práctica a la jornada laboral realizando sencillos ejercicios:

Un ejemplo muy recomendable sería que al llegar a nuestro puesto dedicáramos cinco minutos para situarnos en el día, estructurar la jornada laboral y tomar conciencia de cómo vamos a plantear lo que queda por delante. Es decir, respirar….y comenzar.

Otra forma de conectarse con el momento y el sitio donde nos interesa permanecer, es decir, en el presente, es sentarse y tomar conciencia del cuerpo, de las posturas y de las tensiones. Ello ayudará a poder relajarnos y poner el foco en el trabajo sin la presencia de aquello que nos perturba.

Cualquier momento del día puede ser aprovechado. El café o el almuerzo se pueden utilizar para cambiar rutinas. 

Podemos dedicar un par de días a la semana para disfrutarlos en soledad siguiendo la técnica mindfulness de saborear las sensaciones. Para ello, es importante dedicarle tiempo y no distraer tu atención a otra cosa que no sea ese preciso momento. Texturas, sabores y olores conectarán nuestro ser con el momento en el que estamos.

Un ejemplo para reconducir nuestra atención es limitar el tiempo de las relaciones sociales virtuales. Ponte un horario exclusivo para leer o responder a lo largo de la jornada de trabajo. Así durante el día dejarás de lado la sensación constante de revisar el correo, el Facebook o cualquier red social en la que estés. Pacta contigo mismo.

Como hemos hablado, la atención es limitada. Cada 50 minutos o cada hora se puede parar.

Un buen ejercicio es observarse, notar el momento presente en el que estamos, respirar tres minutos y conectarse con las sensaciones y tensiones corporales que tengamos para acto seguido, intentar rebajarlas.

Una vez ya terminada la jornada laboral, instrumentaliza el camino de vuelta a casa para volver a la calma. Es recomendable intentar hacer una transición consciente de lo que ha sido el día y donde queremos estar.

¿La clave? La atención plena

Todo ello nos permite “estar” en el momento presente. Tener conciencia de lo que nos rodea y recibir y procesar la información sin ruido exterior que pueda ralentizar y entorpecer.

Estas técnicas no reducen la carga laboral, obviamente eso es un imposible, pero sí ayudan a canalizar y gestionar nuestra atención. Esto permitirá que respondamos de forma más funcional, despierta y adaptada a la situación en la que se nos requiere.

Sin duda, no será fácil en un primer momento y requiere de cierta práctica y entrenamiento, pero seguramente merecerá la pena detenerse unos minutos y encontrar el “aquí y el ahora” en nuestro espacio laboral.

Será la fuerza que empuje y recoloque la tarea y permita vislumbrar aquello importante que resulta oculto tras el telón de la multitarea.

Al margen de la atención plena en el ámbito laboral, siempre es recomendable encontrar ese momento que nos absorba, enriquezca y entretenga de tal manera que nos robe tiempo de la mejor y más sana de las maneras posibles. Las técnicas recogidas en el Mindfulness pueden ayudarnos a encontrarlo.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/mindfulness-en-el-trabajo

 

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