Si bien es cierto que la mayoría de los embarazos y partos transcurren sin incidentes ni contratiempos por ser una condición fisiológica, los embarazos representan un riesgo, de ahí que, se clasifican en embarazos de bajo y alto riesgo. En pocas palabras, no hay embarazos sin riesgos y las situaciones de emergencias originan una preocupación muy grande, despertando en la paciente y sus familiares diversas emociones que si no se manejan adecuadamente pudieran tener consecuencias importantes.

Para disminuir la posibilidad de muerte se deben tomar una acción rápida tanto anteparto, intraparto o post-parto y desarrollar políticas y procedimientos obligatorios para todo el personal que labora en los centros de salud como la realización de simulacros de emergencias basados en normas y protocolos de manejos hospitalarios e identificar un equipo para casos graves institucionales y proporcionar en sala de partos  un personal adecuado con equipos y suministros.

La incidencia de emergencias obstétricas ha aumentado durante la última década debido, entre otras cosas, a que la mujer decide posponer la maternidad cada vez más.

La incidencia de emergencias obstétricas ha aumentado durante la última década y se espera que siga aumentando en el futuro, y esto, entre otras cosas, deido a que la mujer decide posponer la maternidad y esto constituye un riesgo para el desarrollo de una mayor tasa de hipertensión crónica, diabetes, obesidad, preeclamsia, eclampsia, placenta previa y desprendimiento prematuros de placenta (DPPNI). Por otra parte influye en el aumento de las emergencias el cambio en la practica obstétrica, como es por ejemplo, la alta tasa de cesárea en nuestros países Latinoaméricanos.

Cuando una mujer en estado de embarazo presenta un problema el médico o personal de salud debe evaluar rápidamente su estado para determinar el grado de la enfermedad.

Se deben evaluar vías aéreas y respiración en busca de cianosis (color azulado) y dificultad respiratoria al examinar la piel y auscultar los pulmones, examinar  además signos vitales, estado de alerta y presencia de sangrado vaginal para descartar la presencia de un shock hipovolémico.

Si la paciente está inconsciente o con convulsiones, se debe considerar la posibilidad de una eclampsia, epilepsia y en menor frecuencia un tétano u otras causas de convulsiones.

Si presenta fiebre se debe descartar la posibilidad de infección de vías urinarias, enfermedad febril tropical (dengue o malaria) o neumonía y si es después del parto el personal de salud  pensará en fiebre puerperal.

Un dolor abdominal que sugiere la posibilidad de una apendicitis, quiste ovárico retorcido, embarazo ectópico o aborto, y en embarazos avanzados considerar la posibilidad del inicio de la labor de parto o un DPPNI (mencionado más arriba), así como una rotura uterina.

Por último, para evitar situaciones lamentables el personal de salud debe tener la capacidad de involucrar a los familiares de las pacientes e incluso a los líderes de la comunidad sobretodo en pacientes con necesidades especiales o que cursen con una condición o enfermedad que pueda comprometer su vida.

¿Cuándo acudir al centro de salud? 

Una mujer gestante puede acudir a un centro de salud en busca de ayuda si presenta salida de líquido transvaginal, palidez y sensación de desmayo, cefalea intensa, visión borrosa, vómitos o disminución de los movimientos fetales o cualquier otro síntoma de alarma que haya sido recomendado por su médico.

 

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octubre 25, 2016

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